Patricia Correa Arangoitia / EDUCACCION

La evidencia más cercana sobre lo que piensan y hacen los estudiantes peruanos al ejercer su rol ciudadano se encuentra en los resultados del Estudio Internacional de Cívica y Ciudadanía, una evaluación estandarizada que se aplica en varios países. El Perú participó de esta evaluación por primera vez en el año 2016, y fue rendida por estudiantes de secundaria de 14 años en promedio.

Un dato relevante de este estudio es que el 34.8% de los estudiantes peruanos reconoce a la democracia como sistema político y comprende que las instituciones y leyes pueden promover valores democráticos en la sociedad, mientras que solo el 8% es capaz de justificar y evaluar posiciones políticas o leyes en función de principios democráticos y de la búsqueda del bien común.

¿Por qué es urgente hoy en el Perú promover prácticas democráticas en la escuela?

El Perú se define como una república democrática, aunque en la práctica tenga dificultades para serlo totalmente. Quizás el péndulo entre democracias y dictaduras vividas a lo largo de nuestra historia pueda ser una explicación de las dificultades para hacer de la democracia un rasgo sólido de nuestra identidad.

Por ello, urge que la escuela se constituya en un espacio privilegiado para generar una convivencia democrática dentro de la comunidad educativa, conformada por directivos, maestros, estudiantes y padres de familia. Sin embargo, lo que exhibimos como sociedad nos aleja de dicho ideal, por lo que resulta imperativo que desde el sistema educativo se alimente y aporte a la construcción y fortalecimiento del sistema democrático. Para eso es indispensable una convivencia participativa, de respeto a las diferencias, de respeto a las minorías, que ponga en valor el elegir y ser elegido, así como la posibilidad de tomar decisiones nacidas del debate y los acuerdos.

Lograr estos propósitos implica, entre otros, tres grandes desafíos:

1. Construir un sistema de Formación docente y de Directivos(as) que democratice las prácticas docentes. Esto implica avanzar hacia un sistema de formación que habilite a docentes y directivos para hacer de la escuela una institución genuinamente atravesada por principios democráticos, cuya práctica cotidiana, con los estudiantes y entre docentes, sea expresión de esos valores.

La escuela que no se compromete con prácticas democráticas por parte de sus maestros y directores no podrá revertir sus raíces y tradiciones autoritarias. Entonces cabe preguntarnos, ¿cómo los más de 300,000 maestros peruanos pueden convertir a la escuela y el aula en un espacio democrático? La respuesta no puede ni debe ser unívoca, pero supone replantear seriamente la naturaleza de las relaciones intergeneracionales, combatiendo la subestimación y el prejuicio que justifican las imposiciones desde la práctica docente.

2. Desarrollar y afianzar un Currículo que genera igualdad de oportunidades para todos: Las veintinueve competencias que promueve el Currículo nacional tienen como base la construcción de oportunidades dentro del principio democrático de igualdad para todos, sin distinción alguna. Por ello, resulta clave que la democracia no solo la miremos desde la competencia dieciséis del Currículo (“convive y participa democráticamente”), sino también desde los siete enfoques transversales, como el enfoque de derechos. Por ello, es gestionar el currículo exige a la escuela convertirse en un espacio que valore las diferencias. No hay democracia posible de espaldas a la diversidad cultural del país. En una sociedad como la nuestra con altos índices de exclusión y discriminación, es indispensable educar para contrarrestar estas taras y no reproducir los vicios que atentan contra la dignidad y los valores democráticos.

3. Construir y consolidar espacios de participación. En una democracia resulta imposible imaginar que exista una sola forma o un solo mecanismo de participación ciudadana, más aún teniendo en cuenta la diversidad de nuestro país. Encerrar la participación solo en los marcos normativos, es ponerle un corsé. Hay que avanzar, experimentando formas de organización, participación y liderazgos diversos. Los padres de familia de Condorcanqui demandan sin duda formas de organización y participación distintas a la existente en el distrito limeño de Miraflores y estas a las de Villa el Salvador o Ate. Por ello la democracia debe ser asumida en la escuela como una forma de convivencia y de participación en el bien común. Los textos escolares nos ayudan a reflexionar pero no podrán enseñarnos a interiorizar y ejercer la democracia, como sí lo pueden hacerlo los hábitos de convivencia y participación en la vida escolar. Urge replantearnos la forma de cómo –a través de décadas– hemos promovido los espacios de participación democrática en la escuela: los municipios escolares y los CONEI, son un ejemplo, limitando la participación democrática a dichos esos espacios. La calidad de la convivencia escolar puede convertirse en un predictor de nuestro futuro democrático y eso se juega en las aulas.

El sistema educativo tiene que transitar un camino hacia la democracia. Sin embargo, la propia sociedad tiene que hacerlo en interacción con las escuelas. Encarar estos desafíos tiene ciertas demandas.

Una de ellas tiene que ver con la responsabilidad de cada generación de defender la democracia como forma de gobierno, de hacerla suya y convertirla además en una forma de convivencia. La democracia no fue un regalo de la República, no se trata de memorizar hechos, nombres y leyes, aún sin entenderse. La democracia exige actos concretos, que se expresan en el respeto a la diferencia, a la opinión de las minorías y el respeto a la decisión de las mayorías, donde la violencia no tiene cabida.

Si la naturaleza de la democracia es el poder, la tarea que tenemos por delante es construir poder, un poder ciudadano que busca el bien común. Ese es el tipo de poder que se está por construir. Le toca a esta generación hacer posible la construcción de un poder que se constituya en una alternativa real a todo tipo de autoritarismo, usualmente agazapado detrás de discursos que simulan ser democráticos y que se expresan en la intolerancia a quienes piensan diferente. Si eso es lo que se vive en las escuelas, eso se vivirá en la sociedad.

Lima, 11 de diciembre de 2017

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Patricia Correa Arangoitia
Experta en gestión de políticas educativas y gestión descentralizada, educadora de profesión, tiene una maestría en Gestión Pública en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido Jefa de la Oficina de Coordinación Regional del Ministerio de Educación, y también asesora en descentralización educativa en el Consejo Nacional de Educación.

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