Kayaba school

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Alumnos de 7mo y 8vo grado, Kayaba School. Fotografías: Carla Vera

Carla Vera Aguinaga / EDUCACCION

Cuando decidí hacer este viaje, definí que mi principal objetivo sería involucrarme en la cultura local, así que pensé que lo mejor sería hacer un voluntariado. Fue entonces que me puse en contacto con AIESEC, organización a la que pertenecí 3 años durante mi vida universitaria, y postulé al proyecto «Kayaba School» en Nairobi, Kenia. Es así que todos los días me despierto 6.30am, me alisto y junto a Nanqing, salimos rumbo a nuestro colegio. El camino es largo y el tráfico es espantoso. Hasta la guía Lonely Planet me da la razón.

Hasta la guía Lonely Planet me da la razón

Este recorrido es toda una travesía: los matatus[1] no respetan a nada ni a nadie. Un día estábamos en pleno camino y se cayó la puerta del matatu. El conductor, sin más, detuvo el carro en plena pista y junto al cobrador, se tomaron 10 minutos en poner la puerta en su sitio, sin hacer caso alguno a la cantidad de bocinas e insultos de los conductores en la cola. Y bueno, es por eso que después de casi dos horas, llego a mi colegio: Kayaba.

Kayaba es un colegio privado que se encuentra en un asentamiento, exactamente atrás de un mercado. Sobrevive mediante donaciones y una modesta mensualidad de los padres de familia (700 shillings al mes, que equivalen aproximadamente a 7 dólares). Las condiciones del colegio y de los casi 75 estudiantes son bastante precarias.

Nosotras llegamos a las 9am y la dinámica es la siguiente: tenemos 3 clases (4to y 5to, 6to, 7mo y 8vo), 3 cursos (Matemática, Historia y Geografía e Inglés) y somos 3 voluntarias (Nanqing, Cristina y yo). Cada una tiene una hora en cada salón, en su curso respectivo. En mi caso, enseño Matemática a mis pequeños del salón de 4to y 5to grado e Historia y Geografía al salón de 6to, 7mo y 8vo. Aquí el reto es enorme porque no sé nada de Historia y menos de Geografía de África, pero ahí vamos.

Esta experiencia es completamente nueva para mí en todos los sentidos. Puedo empezar diciendo que yo no estudié Educación y esta es mi primera experiencia como «profesora». También puedo comentar acerca del tema de la comunicación: ellos hablan en Swahili, yo hablo español e intentamos hacer la clase en inglés y es así como cada clase se convierte en un juego de charada. Además, tenemos el tema de los recursos: ¿cómo dictar una clase de historia cuando solo hay un libro en el salón? Podrías escribir en la pizarra pero no hay tizas, también podrías dictar pero sabes que hay una dificultad con el idioma. Y ni mencionar el tema cultural.

Además de todo esto, durante los primeros días de clases la directora nos explicó que si teníamos alguna herida abierta era mejor no ir a la escuela, porque es probable que muchos estudiantes tengan SIDA y si alguno tiene un accidente, podríamos contagiarnos. En otro momento, un profesor nos dijo que mejor nos quitemos todo accesorio visible porque alguien nos podría «asustar», aunque sea de poco valor. Algo que también me sorprendió, fue que durante mi primera clase le pedí a Evans que me ayude a limpiar la pizarra y él recogió un desperdicio del piso –por piso me refiero a tierra mojada– y eso lo usó como mota. Todo esto sin mencionar que existe un desagüe que atraviesa todo el colegio, ocasionando un fuerte olor a residuos.

Soy consciente de que esta realidad la puedo encontrar en colegios de mi país y de muchas partes del mundo, pero yo decidí vivirlo aquí, en Kayaba School. Y admito que estas primeras semanas me han parecido difíciles, muy difíciles. Me han costado más de lo que esperaba. Esta realidad me ha asombrado muchísimo y en verdad, me ha dolido. Sí, asombro y dolor serían dos palabras claves para describir cómo me sentí.

Pero ¿saben qué? Después de unos días bastante intensos en donde sientes que te vas de picada, decides darle una y otra oportunidad a esta experiencia. Y en una de esas, todo comienza a tomar forma. Abres los brazos, dejas de cuestionar tanto, confías y empiezas a absorber todo lo que te rodea. ¿Acaso no decía que quería aprender de la cultura local?

4to y 5to grado

Y así aprendo. Y aprendo muchísimo: todos los días ellos me enseñan Swahili, me enseñan a ser paciente, me enseñan a comunicarme sin hablar, me enseñan a no estamparme contra la madera cuando no hay tiza, o cuando se cae la pizarra. Me enseñan a compartir, a dejar de lado mi zona de confort, me enseñan sus pasos de baile, me enseñan a pisar cualquier idea preconcebida que pude haber tenido antes de llegar, me enseñan a involucrarme con ellos. Y es que los estudiantes te leen, te perciben, te sienten. Y sí, admito que el inicio fue difícil porque todo lo que vi fue duro y me costó sobrellevarlo. Pero ellos me enseñan que a pesar de las dificultades, uno se levanta y va al colegio. Así que yo también me levanto y voy al colegio.

[1] Matatus: Minibuses que funcionan como transporte público en Kenia.

6to grado

Texto publicado originalmente en COYUNTURA Revista Digital. Reproducido a solicitud de Carla y con su permiso. 

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Carla Vera Aguinaga
Piurana. Licenciada de Economía de la Universidad de Piura. Ha trabajado como coordinadora regional de Reclutamiento y Selección de EnseñaPerú y en la Unidad de Planificación y Presupuesto del Ministerio de Educación, en la estrategia de Delivery Unit, brindando asesoría a las Direcciones Regionales de Educación y Unidades de Gestión Educativas Locales de las regiones Junín, Huánuco, Pasco, Ayacucho y Huancavelica. Actualmente se desempeña como profesora voluntaria en el colegio Kayaba, ubicado en el asentamiento South B, en Nairobi, Kenya. Sus palabras favoritas son Perú y educación. Su única adicción es el café. Escribe ocasionalmente en medium.com/@CarlaVera.

4 Comentarios

  1. Excelente trabajo, Carla. Sigue así y muchas gracias por compartir tus experiencias. Por favor, vuelve a escribir dentro de unos meses para saber cómo te va. Fuerza y serenidad.

  2. ¡Bravo Carla¡, además de maestra eres un promotor social de la Comunidad en que laboras. No es necesario nada material para despertar la inteligencia y acceder a la cultura.Creo que cabe mencionar estas frases de Tagore: “donde el mundo no ha sido convertido en fragmentos por mezquinos muros domésticos…
    Gracias Carla, por lo que haces con esos niños y niñas.
    Sinceramente,
    Esther

  3. Desde Huancayo (Junín), nuestra admiración por asumir un reto extraordinario. Paras tener éxito hay quwe poner pasión y entrega, optimismo a toda prueba. Y si se trata de desempeñar el rol de educador el compromiso es doble. Vale conocer el estilo y ritmo de aprendizaje del estudiante. Si partes del quehacer de tus alumnos, de la realidad local y los proyectas, todo marchará bien.Sigue compartiendo tus valiosas experiencias. Vale compartir la Pedagogía del Optimismo de Paulo Freire. Felicitaciones y abrazos.

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