Profesores de hoy, profesores de ayer

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Foto: Andina

Carol Vega Tupia / Para EDUCACCIÓN

Era la hora del almuerzo cuando unos compañeros de trabajo, de unos 45 a 50 años, (pertenecientes a la llamada generación X [1]), se pusieron a recordar los profesores que habían tenido en la escuela, su trato, la forma cómo les habían enseñado. Como varios de ellos tienen hijos en el nido o en la primaria, comenzaron a comparar. En principio, el trato es hoy más horizontal, dijeron. Solo el hecho de llamar a sus profesores por sus nombres, dice mucho de la apertura del docente y de la dinámica que hay en la clase. Si llamábamos a nuestros profesores de esa manera, nos caían con todo, comentaban. También les causaba cierta sorpresa la facilidad que tienen sus hijos, pertenecientes a la llamada generación Z [2]), para acceder a la información y para utilizarla en clases y en casa.

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Precisamente, la facilidad del acceso a la información que hoy existe es uno de los hechos que ha planteado a los docentes la necesidad de abrirse al cambio. ¿Van a seguir transmitiendo información a una generación que puede llegar a manejar más datos que ellos en los temas que les interesan? La encrucijada es clara: si el docente no mantiene su mente abierta a la nueva realidad, a las nuevas generaciones con las que convive y a sus formas de conocer, esto puede llegar a sobrepasarlos. Aunque en el fondo no es un tema de edad, sino de capacidad de adaptación al cambio, un dato importante a tener en cuenta es que los docentes con más de 40 años de edad son mayoría:

Fuente: CNE – Encuesta a Docentes, 2014. Elaboración propia.
Fuente: CNE – Encuesta a Docentes, 2014. Elaboración propia.

En los años 80 veías a los estudiantes en clase haciendo una que otra pregunta curiosa sobre un tema propuesto por el docente, pero hoy en día son los niños y adolescentes [3] quienes proponen temas en el aula, llevando experiencias de su entorno, o de situaciones cotidianas, dejando muchas veces en jaque al docente, quien no sabe cómo utilizarlas en beneficio de los aprendizajes. A muchos maestros les cuesta aún aceptar que los estudiantes tienen hoy todo el derecho de expresar sus necesidades, sus opiniones, a participar activamente de su formación y de las decisiones que se toman para tal fin.

A diferencia de antes, los estudiantes de hoy necesitan un profesor facilitador del conocimiento, que los oriente en su construcción y les ayude a desarrollarlos aún más, llevados por su curiosidad y sus intereses. Conspira contra eso una planificación inflexible, pautada minuto a minuto, que relega a los estudiantes a seguir instrucciones, no a pensar ni a proponer. Los estudiantes de hoy necesitan un docente con la habilidad necesaria para responder a sus intereses y a adaptarse con flexibilidad a las situaciones que se suscitan en el aula, sin perder el horizonte de su quehacer.

carol5Tedesco y Tenti (2002: 6) afirman que “Las nuevas generaciones, en promedio, son fuertes consumidoras (consumidoras intensivas) de bienes simbólicos producidos y distribuidos por poderosas empresas culturales. La acción del maestro se inscribe en un nuevo contexto general que ordena la socialización de los niños y jóvenes. Cabe agregar que tanto las transformaciones en la estructura familiar como el tipo y frecuencia de consumos culturales varían fuertemente según cuál sea la posición de las nuevas generaciones en la estructura social”. Si bien es cierto el contexto en el que han nacido sus estudiantes, como dice la cita, es producto de cambios importantes en los ámbitos familiares, culturales y sociales, no debiera constituir una barrera en el accionar del maestro para lograr una vinculación intergeneracional más abierta y fluida con ellos.

Elaboración propia
Elaboración propia

Sin embargo, aquí surgen preguntas importantes que deberíamos poder contestar: ¿Qué tan preparados estamos los profesores para responder a estas nuevas características e intereses de nuestros nuevos estudiantes? ¿Será que las políticas educativas han considerado que los estudiantes de hoy ya no son los del ayer? ¿Hemos comprendido que los cambios que hemos sufrido como sociedad, en aspectos sociales, económicos, políticos, tecnológicos y culturales, han hecho a las nuevas generaciones con un perfil diferente al nuestro? ¿Será que realmente nos hemos adaptado a ellas? Si vamos al campo, la respuesta sería evidente.

Escuchando una reciente entrevista que le hacían a cierta autoridad sobre la seguridad ciudadana, escuché su respuesta a una de las preguntas: “…no pretenda Ud. que un paciente que sale de cuidados intensivos, en una semana esté corriendo…”. En el caso de la educación sucede algo similar, el enfermo está mejorando poco a poco, pero necesita más recursos y sobretodo voluntad para empezar a caminar solo.

En el país se han hecho importantes esfuerzos que podrían ayudar en gran medida a sintonizar la enseñanza con las demandas de tipo generacional desde las escuelas. El Marco del Buen Desempeño Docente, y el propio Currículo Nacional, próximo a implementarse, son instrumentos que presuponen una vinculación diferente entre maestros y alumnos, basada en el respeto, la valoración y la participación. Pero también es cierto que no son suficientes para erradicar prácticas instauradas por décadas y que muchos de los principios pedagógicos en los que esos documentos se basan, se han quedado en el papel.

El problema es que las competencias que los docentes necesitan desarrollar para hacer frente a estos cambios generacionales en los estudiantes, no surgirán con una norma que le diga al profesor que haga lo que se le indica so riesgo de recibir una sanción. Tampoco surgirán porque una vez al mes se monitorea su trabajo, se revisa su carpeta y se constata que tiene en regla toda la documentación que le piden. Tampoco surgirán porque llenan una ficha de indicadores, firman una hoja de compromisos, o se multiplican las exigencias a su labor pedagógica. El verdadero cambio y la superación profesional es interno, es de fondo, quizá por eso deberíamos empezar a preguntarnos cuánta consciencia tenemos de:

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Aprender a relacionarnos con los niños y adolescentes de hoy requiere cambios profundos en la manera de ser maestro. Pero los cambios ocurren solo cuando se tiene la voluntad. Y la voluntad puede surgir si somos conscientes de lo que está en juego. En este caso, lo que está en juego son los aprendizajes y la recuperación del prestigio social de la docencia.

Lima, 07 de noviembre de 2016

Bibliografía consultada

  • Tedesco, J. y Tenti, E. (2002) Nuevos tiempos y nuevos docentes. IIPE-Buenos Aires. 1- 23.
  • Tenti, Emilio (2007). Consideraciones sociológicas sobre la profesionalización docente. Educ. Soc., Campinas. 28 (99), 335-353.
  • Espinoza, E., Espezua, L. y Choque R. (2015).  ¿Qué significa ser profesor en el Perú? En Evidencia para una política de inversión en el talento. Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo. Ministerio de Educación. 2. 307-330.
  • Mayer, Liliana (2009). Escuela, integración y conflicto. Notas para entender las tensiones en el aula. Educación, Lenguaje y Sociedad ISSN-Universidad de Buenos Aires. 6(6), 85-112.
  • Díaz, Hugo (2016). Encuesta Nacional a Docentes. Educared-Educación e innovación para el S. XXI. Recuperado de: http://educared.fundacion.telefonica.com.pe/desafioseducacion/2016/01/01/ encuesta-nacional-a-docentes/
  • 25 de julio del 2014. Banco Mundial: El profesor promedio tiene más de 40 años de edad en América Latina. Gestión. Recuperado de: http://gestion.pe/tendencias/banco-mundial-profesor-promedio-tiene-mas-40-anos-edad-america-latina-2103996.
  • Masoero, Héctor. (07 DE ABRIL DE 2014). El docente, de transmisor a facilitador del conocimiento. Recuperado de: http://www.lanacion.com.ar/1678665-el-docente-de-transmisor-a-facilitador-del-conocimiento.

Notas

[1] Son las personas nacidas entre 1964 y 1979.
[2] Son las personas nacidas entre 1980 y 2000.
[3] El reconocimiento del niño como sujeto de derecho. Convención internacional de los derechos del niño.

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Carol Vega Tupia
Licenciada en Educación de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Cuenta con estudios de Maestría en Gerencia Social (Pontificia Universidad Católica del Perú), y posgrados en Primera Infancia (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) y Gestión Educativa (IPAE); y Gobernabilidad, Gerencia Política y Gestión Pública por la Pontificia Universidad Católica del Perú, The George Washington University y CAF - Banco de Desarrollo de América Latina. Con experiencia en el sector público y privado en ámbitos de gestión, y docencia en educación básica y posgrado. Ha integrado equipos de trabajo en consultorías sobre formación docente convocadas por UNESCO. Trabaja en el Ministerio de Educación del Perú, desempañándose como especialista en Formación Docente.

5 Comentarios

  1. No concuerdo para nada con la autora de este artículo. Un poco más de estadística a sus artículos no vendrían mal.

  2. Hola Carol, despues de revisar minuciosamente el artículo que escribiste llegué a la conclusión que la palabra clave a utilizar es la adaptación al cambio, que en siglo XIX ya había fundamentado con precisión meridiana Charles Darwin si mal no recordamos, y efectivamente en la actualidad se está llevamdo a cabo lo que en algún contexto escuché, la educación en el Perú se desarrolla en locales escolares del siglo XIX, con profesores que poseen una mentalidad del siglo XX, y con estudiantes del siglo XXI…los tiempos cambian, y si queremos generar auténticos cambios en nuestros estudiantes, los docentes independientemente de nuestra edad, también deberemos de cambiar fundamentalmente la forma cómo percibimos la educación de hoy.

  3. El cambio, para mejorar, la calidad educativa del sistema peruano siempre estará en función del docente, para que éste responda a los cambios deberá tener, en primer lugar, esquemas de conocimiento definidos hacia los cuales deberá remitirse siempre con cada requerimiento en el aula, es cierto que tiene que constituirse en un facilitador del aprendizaje de sus alumnos pero esto tiene que tener sustento en esquemas de conocimiento sólidos del docente para, a partir de ahí, motivar al alumno a la construcción de sus propios esquemas de conocimiento, al desarrollo de su capacidad crítica y creativa para reformular siempre sus propios esquemas.

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